24 feb. 2009

AL PRINCIPIO

Diálogo entre Laurent Cantet y François Bégaudeaurecogido por Philippe Mangeot.


Laurent Cantet: Antes de rodar Hacia el sur, pensé en hacer una película acerca de la vida en un instituto. Muy pronto decidí que toda la película debía transcurrir dentro del instituto. Pero yo quería demostrar que los institutos son como una caja de resonancia; un lugar que se hace eco de los acontecimientos; un microcosmos donde entran en juego cuestiones de igualdad o desigualdad de oportunidades, de trabajo y de poder, de integración cultural y social, de exclusión. Incluso había desarrollado una escena con un consejo disciplinario que era como una especie de “caja negra” del instituto.


Cuando se estrenó Hacia el sur, conocí a François Bégaudeau, que también presentaba su última novela, Entre les murs. Este libro se opone a las acusaciones que se hacen contra los institutos actuales. Por una vez, un profesor no escribía para saldar cuentas con adolescentes, presentados como auténticos salvajes o verdaderos tarados. Leí el libro y tuve la sensación de que aportaba dos cosas a mi proyecto inicial: en primer lugar, una especie de marco documental del que carecía, y que tenía la intención de suplir pasando unas semanas en un instituto; en segundo lugar, el personaje de François y la relación con sus alumnos. Condensó y encarnó las diferentes facetas de los profesores que yo había imaginado.


François Bégaudeau: El libro se propone describir un año escolar y sus experiencias cotidianas. No hay una dirección narrativa clara ni una trama que se desarrolle alrededor de un acontecimiento. Es verdad que hay consejos disciplinarios, pero solo son un hecho más entre tantos. Laurent y su coguionista Robin Campillo entresacaron lo que les interesaba de este material. El libro es un cúmulo de situaciones y ellos escogieron las que más les interesaban para convertirlas en ficción. En el libro no hay personajes, ellos los modelaron, basándose en los alumnos de la novela.


Laurent Cantet: No queríamos que el hilo conductor saltase a la vista. Los personajes debían dibujarse poco a poco, sin aparecer de golpe. La película es ante todo la crónica de la vida en una clase: una comunidad de 25 personas que no han elegido estar juntas, pero que deberán trabajar entre cuatro paredes durante un año escolar. Al principio, Souleymane es uno más entre los alumnos. Al cabo de una hora, nace una historia de la que es el centro. Retrospectivamente, nos damos cuenta de que todo estaba en su sitio desde mucho antes.


François Bégaudeau: Durante la escritura del guión hice de vigía documentalista. Algunos episodios funcionaban perfectamente desde el punto de vista narrativo, pero podían parecer improbables en la vida diaria de un instituto. Me encargaba de ajustarlos.


Laurent Cantet: Redactamos una primera sinopsis, una especie de columna vertebral de la película, que podría modificarse durante el año que tardaríamos en prepararla, de acuerdo con un dispositivo que ya había usado en Recursos humanos. Partíamos de un instituto real y queríamos incluir en la película a todos los actores de la vida escolar. No nos equivocamos de puerta llamando al Instituto Françoise Dolto en el distrito XX de París (es más, habríamos rodado allí, pero estaba en obras): todos los adolescentes que salen en la película estudian en el Dolto; todos los profesores enseñan allí. Y excepto la madre de Souleymane, cuyo papel es más ficticio, los padres son los de los alumnos.

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